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MANDALAS

El mandala es un inconsciente a cielo abierto. El trabajo con los mandalas consiste en una meditación activa dirigida para el desarrollo personal y al enriquecimiento espiritual. Crear mandalas representa un instrumento para recuperar el centro de equilibrio y poder así vencer las confusiones y ver las cosas con más claridad y objetividad.

El mandala nos comunica con la profunda sabiduría permitiendo así ser realmente aquella persona que verdaderamente está destinada en ser lo que debe ser y no lo que las circunstancias le obliguen a ser. Podemos decir que el mandala es una celebración de la vida misma dentro del ser. Permite el desarrollo y la evolución de la personalidad, amar y ser amado, dar mejor y recibir en armonía y equilibrio.
 El mandala representa, por lo tanto, el mundo ideal. Es una forma geométrica con un centro y una periferia: la organización. Cada mandala clásico, es decir, de origen oriental, tiene como contenido un mantra, formula sagrada de expresión de vocablos hinduista o budista. El mantra es el alma del mandala.
La definición del mandala descansa sobre tres principios de organización: el punto central, la irradiación de ese punto y el límite exterior circular.
 Cuando se medita delante de un mandala, tenemos ante nosotros la representación del mundo y de su propio espíritu; el propósito es de hacer coincidir su centro y el centro del universo. La meditación por el mandala nos ofrece silencio, paz, armonía, y nos sitúa de nuevo en la vía del equilibrio: nos deja mirar en su propio mundo, nos guía hacia las fuentes de luz interior. La meditación nos hace conocer nuestra propia identidad, lo divino en nosotros, deja brillar al conocimiento perfecto que habita en la profundidad de nuestras almas.
Se medita sobre un mandala visualizándolo en tres dimensiones, como un templo. Es por esa razón que el círculo sagrado es a menudo colocado en un cuadrado. Este cuadrado simboliza las paredes del templo con las cuatro aperturas o puertas de entrada, que indican igualmente los cuatro puntos cardinales y los cuatro sentidos del cielo. En India, en el Tíbet y en toda Asia, los grandes templos están construidos sobre el principio de arquitectura de los mandalas. Los textos sagrados quieren que cada templo sea una representación del universo.

Extracto del libro "MUDRAS, MANTRAS y MANDALAS" de José Luis Nuag.

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